sábado, 17 de diciembre de 2016

LA IMPORTANCIA DEL CONTEXTO: "Beasts of No Nation" y el vaciado de la realidad

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El contexto lo es todo. Un buen naturalista sabe que, dependiendo de la vegetación circundante, la presencia o ausencia de agua en el terreno, la cantidad de rocas en el suelo, el tipo de suelo, etc., habrá un tipo de fauna u otro. Jamás encontrarás un alcaraván en un bosque de pináceas, pero tendrás muchas probabilidades de verlo en estepas castellanas no antropizadas. El contexto lo es todo.

Este principio universal del conocimiento, una forma de inducción que todos practicamos habitualmente en nuestra vida diaria (la leche y el agua es lógico que estén juntas en el supermercado porque asociamos líquidos, por ejemplo) parece haber sido ignorada por completo por el director y el guionista de “Beasts of No Nation”. El tema principal de la película es la guerra – concretamente una indeterminada guerra africana – y el problema de los niños soldado pero, aquí es donde viene lo absurdo. ¡No está centrada en ningún país real! Al vacía de contexto una guerra, la presentas como una especie de catástrofe natural inevitable: “pobrecitos los negritos que se matan entre ellos en círculos vicios de guerra y destrucción. Seamos condescendientes con ellos, pueblos occidentales civilizadores”. Así parecen gritar las cabezas de los espectadores. Pero el problema es mucho maś grave de lo que parece porque todas las guerras que se producen en la región tienen un porqué muy claro y evidente: los diamantes y el coltán han provocado que países y empresas armen y paguen a grupos armados para extraerlos y venderlos en países desarrollados a precios desorbitados.

El ejemplo paradigmático es el clímax que ocurrió en 1998 con la Guerrra del coltán, que tuvo como eje geopolítico de acontecimientos la República democrática del Congo:
Tanto Ruanda como Uganda han establecido alianzas comerciales de carácter estratégico y militar con las principales economías de occidente para traficar y procesar minerales del Congo. El ejército ruandés, por ejemplo, transporta el coltán hasta su país, donde se trata y purifica en la Somirwa (Sociedad Minera de Ruanda), antes de ser exportado. Y desde ahí, lo envía para Europa. […] Se ha instituido el monopolio de la Sociedad Minera de los Grandes Lagos (Somigl), que es una sociedad integrada por Africom (belga), Prometo (ruandesa) y Congecom (Surafricana). La ambición por el dominio del mercado del coltán también ha dividido a la propia sociedad congoleña: gobierno y guerrilla obtienen financiación de la comercialización legal o ilegal de este material. [...] La ambición por el dominio del mercado del coltán también ha dividido a la propia sociedad congoleña: gobierno y guerrilla obtienen financiación de la comercialización legal o ilegal de este material: Somigl entrega al movimiento rebelde RCD (Reagrupación Congoleña para la Democracia) 10 dólares por cada kilo de coltán, y lo revende a 300 dólares o más en Londres. Uno de sus mejores clientes es la compañía alemana Starck (subsidiaria del monopolio químico-farmacéutico Bayer), que produce el 50% del tántalo en polvo del mundo. (1)
Por tanto el NDF que aparece en la película, cuyo carismático, demagogo y psicópata líder es interpretado por el magnífico Idris Elba (la única razón, quizá, para ver este film), y en cuyo seno podemos observar la desgarradora vida de un niño soldado a través de el protagonista, Agu, podría representar una milicia congoleña que busca recuperar el control del coltán arrebatado por Ruanda, o una milicia Ruandesa que busca instaurar, junto con el mando del ejercito, una zona políticamente independiente, controlada por Ruanda. Esto, de hecho, ocurre en la realidad. Ruanda controla una región completa de la República Democráctica del Congo rica en colan. Pero sin el contexto, no entedemos qué está ocurriendo. Solo vemos personajes que sufren y no entendemos el porqué. Y sin esa explicación, jamás habrá conciencia. La explicación nos acerca a lo ocurrido. Sin la eplicación es como si todo lo que Cary Joji Fukunaga nos muestra en 137 minutos de metraje fuera un espejismo de otro planeta. No ha ocurrido. La realidad ha sido vaciada de contenido.

Pero pobre de quien diga que los países occidentales arman grupos armados en países africanos ricos en recursos naturales para controlarlos y obtenerlos a muy bajos precios, expropiando así de sus riquezas a sus dueños legítimos: los habitantes de estos países. Hay pobre del espectador que se haga preguntas de este tipo porque será ignorado y tachado de “aguafiestas”.

REFERENCIAS

  1. Otero, E. (2008) Diez años de guerra por el coltán, el ‘oro gris’ estratégico. (consultado el 17/12/2016)

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