lunes, 11 de julio de 2016

CRÍTICA DE: "Manifiesto de Derechos Humanos"

QUE LA INOCENCIA NO NOS DESVÍE DEL VERDADERO OBJETIVO


Título: Manifiesto de Derechos Humanos

Autores: Julie Wark

Editorial: Ediciones Barataria

189 páginas

En esta obra encontraremos una reposición del manifiesto comunista adaptado a los nuevos tiempos que corren o, al menos, esa es la intención de la autora que lo utiliza como constante muleta para darle fuerza a su propio manifiesto. El problema con el que, desde el inicio, se enfrenta cualquier obra de derechos humanos que proclame su cumplimiento es el siguiente: es vox populi que los derechos humanos no se cumplen y, también lo es, que no se cumplen porque existen intereses fácticos (económicos y políticos sobre todo) que no quieren que sea así. Es por ello que una obra de este estilo se convierte rápidamente, según avanzan las páginas, es una perogrullada sobre los derechos humanos. ¿Es culpable de crimen de lesa humanidad todo aquel que viole la declaración de derechos humanos o que contravenga el artículo 7 del Estatuto de Roma (1998)?

Seguramente si, pero todavía no se ha condenado a ningún empresario ni a ningún mandatario por no legislar un régimen social justo (art. 28 Declaración Universal DDHH), por legislar condiciones justas de trabajo, de vivienda, por legislar leyes en contra de la libertad de expresión, etc. Esto o ha ocurrido y es inútil pensar que, en algún momento se va a hacer. Sin embargo, la segunda parte del manifiesto, cuando se deja de hablar de imposibles y se aboga más por la construcción de una “realidad paralela”, o lo que Peter Lamborn Wilson (Hakim Bay) llamó zonas temporalmente autónomas, la autora comienza a tomar credibilidad (al menos, para mi). Ésta segunda parte se centra en el estudio de los commoners ingleses, con leves referencias a una posibles historia pasada (y futura) de estos comuneros o levelers. ¿Por qué no se crean tribunales paralelos para juzgar a los violadores de los derechos humanos al estilo de los que se crearon en Irlanda a principios del S.XX ¿por qué no se crea una garantía material universal para toda persona que garantice su capacidad negociadora dentro de cualquier sistema económico y que garantice el derecho a la dignidad? Creo que esas son las preguntas con la que todo lector de esta obra debe terminar su lectura. Si ha quedado satisfecho, pecará de ingenuidad y, si se ha pensado que la única solución es la lucha armada, desconoce la realidad, al menos, en 1/5 del mundo (Europa), sabiendo por otro lado, que esta solución seguramente sea la más eficiente en 3/5 partes del planeta (India, China, Pakistán, Congo, Nigeria, etc.).

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